Por Paulina Solís Iturra
Según el Centro de Resiliencia de Estocolmo, los límites planetarios, que reflejan el estado crítico de la biosfera en la era del Antropoceno, evidencian un fenómeno complejo y multisistémico. Dado su carácter polisémico, atraviesa múltiples dimensiones sociales y nos alerta sobre la proximidad de un punto de no retorno: el colapso ecosistémico. En este escenario distópico, la mega sequía es uno de los fenómenos que afecta a distintas regiones. En Chile la mega sequía se ha traducido en escasez hídrica, lo que se constituye una problemática urgente que afecta en mayor medida, a sectores rurales y vulnerables, especialmente en contextos de mega sequía prolongada y en un país donde hay concentración de derechos de agua. Más allá de su dimensión ambiental, este fenómeno será abordado en el presente ensayo como un problema psicosocial actual, dado que genera tensiones profundas en comunidades y un contexto estructural que limita el bienestar humano.
De acuerdo con la definición de problema psicosocial, definido como una tensión entre personas o grupos y un contexto que impone restricciones para su bienestar, la escasez hídrica en Chile, podría constituirse como una muestra de un problema psicosocial, dado que hay comunidades rurales que se ven afectadas directamente, particularmente las mujeres quienes desempeñan un rol central en la gestión doméstica, y que ven restringida en su bienestar cotidiano, deteriorando su salud, la alimentación, la sustento económico y el entramado comunitario. Por una parte, tal como lo señala González-Mena et al. (2025), la escasez prolongada de agua genera en las comunidades rurales una experiencia sostenida de incertidumbre, impotencia y desgaste emocional, lo que se traduce en síntomas de ansiedad crónica, trastornos del ánimo y deterioro de los vínculos comunitarios. Por otra parte, además de estos impactos inmediatos en la salud mental se puede considerar los efectos psicológicos de largo plazo, incluyendo un impacto transgeneracional, pues afecta formas de vida, cultura y prácticas tradicionales ligadas al agua.
En un contexto estructural, es necesario mencionar que el código de aguas en la legislación chilena sobre derechos de agua, favorece la privatización y concentración en un minoría de grandes grupos económicos, así como también la ausencia de una gobernanza hídrica eficiente que garantice el acceso equitativo.
De acuerdo con los criterios establecidos para definir un problema psicosocial, la escasez hídrica en Chile cumple con las condiciones que permiten considerarla como tal, en este sentido, por una parte, afecta a una gran cantidad de zonas rurales y semi-rurales del país. De acuerdo con Cepal (2020) Se estima que más del 25% de la población carece de acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura, y cerca del 70% no cuenta con saneamiento. situación que se ha agravado por la persistente mega sequía de la última década. Este porcentaje revela que alcanza a un porcentaje significativo de la población.
Por otra parte, existen costos emocionales y económicos, la escasez de agua impacta directamente en la salud mental -estrés, ansiedad, síntomas depresivos – y sobre todo en las condiciones básicas de vida económicas de las comunidades afectadas, debido a la imposibilidad de realizar actividades productivas básicas como la agricultura y la ganadería. (González-Mena et al.2025).
La escasez hídrica no es un problema reciente ni transitorio, puesto que se viene manifestando durante varias décadas y se ha intensificado con el cambio climático, mostrando una tendencia sostenida de agravamiento.
Mirado desde la teoría de las representaciones sociales propuesta por Moscovici (1979) define como un sistema organizado de saberes y una función psicológica esencial mediante la cual las personas comprenden el mundo físico y social. Desde esta mirada podemos comprender cómo se pueden construir colectivamente los significados en torno al agua en el contexto chileno, entendiendo que estas son formas de conocimiento compartido y formas de comprensión, además de dar sentido a este fenómeno, que es complejo, y como desde ahí se integra a la vida cotidiana. En coherencia con esto, el agua más allá de ser un recurso natural, es un elemento esencial que carga con diversos simbolismos y muchas veces, contradictorios.
En este sentido, coexisten representaciones sociales del agua, determinadas por su acceso, disponibilidad y uso. Por un lado, puede representar un bien común, un derecho, que está vinculado a prácticas históricas, culturales, espiritualidades territoriales y formas comunitarias de organización, especialmente entre pueblos indígenas y comunidades rurales; por otro lado, representa un bien de consumo recurso económico que se accede desde el lujo, y que está determinado por su privatización, bien de consumo transable que es sobreexplotado por industrias extractivas como la agroexportación y la minería. Como vemos, estas representaciones no son neutras: se configuran como disputas materiales y simbólicas que estructuran la manera en que se justifica, organiza y naturaliza la desigual distribución y acceso al agua.
La representación hegemónica economicista, instalada a través del discurso neoliberal, profundiza la invisibilización de la atomización de la relación con el agua, debilitando así las posibilidades de una gobernanza basada en la igualdad y la justicia ambiental. En este caso la representación del agua como un bien común y derecho humano pasa a ser una forma contrahegemónica de representación. En este marco, podemos afirmar que las representaciones sociales actúan como marcos interpretativos que sostienen o desafían las estructuras de poder: Este análisis es crucial para entender cómo se reproduce la desigualdad social a través de la desigualdad hídrica y cuáles son los caminos posibles para su abordaje.
¿La escasez de agua en Chile cumple con los criterios establecidos para ser considerados un problema psicosocial? Sí, ya que afecta significativamente el bienestar subjetivo y social en sectores amplios de la población. No obstante, aunque esta mirada permite comprender cómo la crisis hídrica impacta el desarrollo y bienestar de las personas más vulnerables, también presenta limitaciones, pues resulta insuficiente si no se consideran dimensiones más amplias y complejas, por una parte como las redes de poder económico y político que organizan el acceso y control del agua, en este sentido, la escasez hídrica no se es una consecuencia de condiciones sociales y ambientales adversas, sino el resultado de una organización económico política que privatiza un bien común esencial para el desarrollo saludable de las personas y que debiera ser considerado como un derecho humano. ,
Para comprender la complejidad de este problema, necesitamos combinar métodologías críticas que ayuden a revelar cómo las creencias grupales sobre el agua, las relaciones y estructuras de poder perpetúan las disparidades sociales, pues no solo se trata de escasez, sino de una forma estructural de desigualdad hídrica que compromete la salud integral e interdependiente de las personas y comunidades. ¿Escasez o desigualdad? Esa es una pregunta para otro ensayo.
Referencias
González-Mena, M., Guerra-Zúñiga, M., Jofré-González, J. T., & Collao-Ferrada, X. (2025). Efectos sociosanitarios de la sequía en Chile: una revisión de la literatura / Social and health effects of the drought in Chile: a review of literature. ARS MEDICA Revista de Ciencias Médicas, 50(1), 34–42. https://doi.org/10.11565/arsmed.v50i1.2076
Moscovici, S. (1979). La psicología de las representaciones sociales. Buenos Aires: Huemul.
Pihkala, P. (2022). Eco-anxiety and environmental grief: A narrative review and new proposal. Sustainability, 14(24), 16628. https://doi.org/10.3390/su142416628
© Paulina Solís Iturra, 2025. Este texto se publica bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0). Su propósito es aportar a la circulación abierta del conocimiento, al encuentro de perspectivas y a la reflexión colectiva sobre los temas aquí abordados. Puede ser compartido y citado con fines académicos, educativos y de divulgación, siempre que se reconozca adecuadamente la autoría y la fuente.


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