Por Paulina Solís Iturra
“La educación es un determinante principal de la posición que ocupan los individuos y los grupos sociales en el mercado del trabajo, así como de la remuneración y el prestigio asociados a los trabajos; y en sí misma es un marcador de estatus social” (PNUD, 2017, p. 291). El Estado social promovió políticas de acceso universal y obligatoriedad escolar como medios para “nivelar el piso de las oportunidades” y reducir las brechas asociadas al origen familiar. En la dictadura cívico-militar (1973-1990), el paradigma cambió: la educación pasó a ser considerada una mercancía y no un derecho social. Las políticas educativas de la transición democrática intentaron enmendar esas rupturas sin transformar radicalmente la estructura segmentada que habían legado. Este ensayo aborda dichas etapas desde una mirada crítica de las políticas públicas, aunando los enfoques estructural y comunicativo para entender cómo la educación chilena ha reproducido, en vez de disminuir, la desigualdad de oportunidades.
Antes de la dictadura, el Estado chileno desarrolló políticas redistributivas, de expansión de derechos: gratuidad de la educación primaria, obligatoriedad escolar y un temprano sistema universitario estatal. El paradigma imperante era el del Estado de bienestar, donde la educación era una inversión pública en capital humano y cohesión social. Las políticas pretendían “emparejar el terreno de juego” con subsidios, infraestructura y ampliación de matrícula. Esta idea coincidía con una perspectiva utilitarista y pragmática: las políticas deben promover el mayor bien para el mayor número y disminuir la vulnerabilidad de raíz.
El golpe cívico militar de 1973 interrumpió este horizonte e instaló una racionalidad neoliberal en el campo de la educación. Las reformas de los años ochenta – municipalización, subvención por alumno, apertura a privados, selección- crearon un cuasi mercado que convirtió la educación en un producto de consumo. Desde la mirada de las políticas públicas, este momento representa el cambio de un paradigma estructural-funcionalista a uno gerencialista, preocupado por la eficiencia y la competencia entre instituciones. El lenguaje de la libertad de elección sustituyó al de justicia distributiva. Esta estructura reforzó la fragmentación social: las escuelas privadas subvencionadas aglutinaron a la clase media, las municipales a los sectores populares y los colegios pagados mantuvieron el “cierre social” de las élites. El resultado fue un sistema que reproduce el origen socioeconómico, con escasa movilidad intergeneracional.
Después de la «»vuelta a la democracia», las políticas se abocaron a restaurar sin desmontar la estructura heredada. Aumentó el gasto público, se crearon programas compensatorios y se avanzó en equidad con la subvención preferencial y el fin gradual del copago. Pero el modelo se quedó en el mercado. Desde la mirada crítica-comunicativa de acuedo a Habermas, la racionalidad instrumental se impuso a la deliberación democrática: las políticas se diseñaron «sobre» los actores, en vez de «con» ellos. La reforma educativa post 2015, con la ley de inclusión y la promesa de gratuidad, intenta recuperar la dimensión ética y de derechos de la educación, pero aún vive con desigualdades estructurales y territoriales.
Concluyendo, el sistema escolar chileno, en un análisis histórico del antes, durante y después de la dictadura, muestra un movimiento pendular entre paradigmas de bienestar y de mercado. Las políticas públicas post-1990 expandieron la cobertura y mejoraron algunos indicadores, pero sin revertir la segregación social y la inequidad de oportunidades. Analíticamente, entonces, Chile pasó de ser un Estado educador a un Estado evaluador: de la ampliación de derechos a la gestión por resultados. El reto hoy es orientar la educación hacia una racionalidad realmente comunicativa, donde la justicia social no sea una finalidad retórica, sino una práctica institucional que concrete la igualdad, la diferencia y la participación ciudadana en la elaboración y evaluación de las políticas educativas.
Referencias bibliográficas
Cociña, M., Frei, R. Larrañaga, O. (2017) Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile. Santiago Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo (PNUD). Capítulo 8:
© Paulina Solís Iturra, 2025. Este texto se publica bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0). Su propósito es aportar a la circulación abierta del conocimiento, al encuentro de perspectivas y a la reflexión colectiva sobre los temas aquí abordados. Puede ser compartido y citado con fines académicos, educativos y de divulgación, siempre que se reconozca adecuadamente la autoría y la fuente.


Deja un comentario